El Madrid de Paloma

Publicado el 31/10/2019 por La Mujer Pulpo

Autora:   Paloma Gómez        


 

//   Cuando decís que vais a quedar por el centro de Madrid, ¿a qué zona os referís? ¿A la calle Huertas? ¿A Gran Vía? ¿A Malasaña?  Yo soy de la opinión de que el centro es Sol y el perímetro de una estación de metro. Soy muy purista, pero es que desde que nací hasta los 28 años, yo he vivido en el auténtico centro de Madrid. Cuando paseo por esa zona, me invade la nostalgia recordando lo que viví de pequeña y cómo ha cambiado todo en 50 años.

Por eso, el otro día paseé por las calles que me vieron crecer para explicar cómo era todo cuando era pequeña.

Yo vivía en una pequeña casa del número 4 de la calle Cádiz, la primera calle a la izquierda de Carretas. ¡Más céntrico, imposible! Ahora, la puerta está pintada de amarillo al lado de un bar llamado Rosi la Loca, pero en ese  entonces, la puerta era oscura y por dentro, el edificio era muy similar.

 

 

Nada más entrar, había una pequeña portería donde había un grifo de agua que, si teníamos sed, le pedíamos a la portera que nos diera un vaso. Yo vivía en el tercero, y en la terraza del cuarto era donde tendíamos la ropa. (Puedes ver la terraza en la siguiente imagen)

De hecho, como eramos de los pocos que vivíamos en el edificio, teníamos la llave del portal. Pero no era una llave cualquiera. Era una llave de latón que no estaba hueca, pesaba muchísimo. Y como era así, no podían hacer una copia, por lo que cuando llegábamos a casa, le silbábamos a mi madre y nos la tiraba envuelta en un trapo para que subiéramos.

 

 

Era una casa pequeña, con un pasillo muy largo y vivía con mis padres, mi abuela Leandra y mis dos hermanos (más adelante vendría mi hermana la menor).

La vida era muy diferente a como es hoy. Hay muchos bares y turistas, antes no había tantos bares. De hecho, casi no había portales. ¡Creo que se han creado más portales que bares! Pero la zona es muy turística y de fiesta. Antes era como un pequeño barrio, todos nos conocíamos y jugábamos en la calle porque claro, no pasaban coches.

Donde hoy es el bar Majaderito, hace años era el Valladolid, que tenía churros y porras. Lo recuerdo bien porque cuando a mi madre se le acababa el azúcar o la leche, bajábamos a desayunar aquí y en ese entonces, era un lujo.

 

 

 

En la esquina de las calles Cádiz y Barcelona estaba la Gaditana, que era entonces el bar más grande del mundo, se decía, porque se entraba por Barcelona y se salía por Cádiz.

 

 

Lo que ha cambiado mucho es la propia calle Carretas. Antes había sobre todo ortopedias, pero hoy hay muchas cosas diferentes, bares y tiendas de ropa, creo que ortopedias no quedan muchas.

En la esquina que da a la Puerta del Sol, donde hoy es el Zapshop, estaba el Bar Sol. Lo llevaba una señora muy mayor y era un local muy pequeñito. Tenía una plancha donde hacía perritos calientes, comíamos muchos perritos, pero mi hermana la mayor, que era muy golosa, se compraba unas milhojas de merengue que eran enormes.

¡Ni abriendo toda la boca podías dar un mordisco!

La calle tampoco tenía buena reputación, aunque los niños no eramos muy conscientes. Recuerdo que en casi todas las tiendas había verjas menos en una.
Como en la Puerta del Sol estaba la DGT, había siempre un agente, lo que llamábamos un “gris”. Y el señor de la tienda decidió que no tendría seguridad.
Normal. ¿Quién robaría un edificio protegido por la policía?

Por la calle Cádiz estaban las salidas del cine Carretas, que era un sitio diferente de día y de noche. Por las mañanas, cuando tenía unos 6 años, iba con mis hermanos a una doble sesión para niños que nos llevaba mi abuela de 11 a 12 o de 12 a 13, no recuerdo. Ella llevaba en un saquito de tela tres bolsas con cortezas que nos daba a los tres para que no nos peleáramos. Pero por la noche, era un sitio diferente; tenía muy mala fama por la gente que iba ahí, ya que no iban a ver películas precisamente.

Por suerte, mientras paseaba me encontré a Angelita, una vieja amiga de mi madre que tenía una floristería. Iba con su marido, ¡Qué mayores están! Les saludé y no me reconocieron al momento, pero al hablarles de mi madre ya se acordaron. ¡Fue ella quien el día de mi boda me dio una orquídea para mi vestido!

Estuve hablando con ellos un rato y me dijeron cómo ha cambiado el lugar. Ya casi no hay vecinos, casi todo son turistas y eso les da mucha pena.
También me dieron el pésame cuando les dije que mis padres ya habían fallecido. Les recuerdan con mucho cariño.

 

 

Muy cerca, está también la Antigua Pastelería de la Calle El Pozo. Si tenéis oportunidad, tenéis que probar las bayonesas de crema pastelera y el hojaldre. También es típico el cabello de ángel, aunque a mí no me gustaba mucho.

En cuanto a hacer la compra, ha cambiado mucho todo. Por ejemplo, en la calle Barcelona había una lechería y una carbonería (ahora pone Manama y Lumbre respectivamente). En ese entonces, la cocina era de carbón, así que tenía venir el carbonero a casa para que pudieras hacer el fuego y comer caliente.

 

 

 

Una cosa que hoy no podría verse es que, en el cruce de Espoz y Mina con Cruz, donde hoy está la pizzería El Trébol, antes había una pollería. No sólo vendían pollo, sino que te daban pollitos vivos para llevártelos a casa. Nosotros siempre le pedíamos a mi madre que nos comprara pollitos, pero no duraban mucho y a la larga, te daba mucha pena tenerlos.

 

 

En el cruce es donde solíamos ir al aperitivo, que al final se convertía en comida. En Espoz y Mina había un local muy típico, Las Bravas, donde tienen la mejor salsa brava de Madrid. Ha sido muy inesperado, porque hasta hace
poco estaba abierto, pero ahora es un local diferente, el Pez Tortilla. Sin embargo, el primero y original está en el Callejón de Álvarez Gato, que era el que a nosotros nos gustaba.

 

 

Y ¡mirad que sorpresa! Enfrente sigue abierta la tintorería donde llevábamos los trajes.

Volviendo a Las Bravas, cuando todavía eramos tres hermanos, veníamos aquí los domingos a tomar el aperitivo. Colgando de un gancho había un pulpo, el cual se usaba para las tapas, pero a mi madre le daba mucho asco y nunca tomaba pulpo.

En el local había varios barriles y lo que hacían nuestros padres eran ellos ponerse en la barra a tomar una ración de bravas y nosotros nos sentábamos en el barril y nos ponían dos raciones de patatas para los tres. ¡Y como ya nos conocían, nos echaban un poco más de salsa que al resto! Dejábamos el plato que vamos, no hacía falta ni limpiarlo.

Una cosa que he visto, y que mucha gente comenta, es que en el centro ya casi no hay tiendas para comprar las cosas del día a día. Es normal, ya que ahora es una zona de turismo, pero antes había muchísimos sitios para comprar. En nuestra calle casi todo lo teníamos cerca. Subiendo la calle Barcelona estaban las Bodegas Cecilio, una casa de comidas llevada por Cecilio y su hermana, que era la que cocinaba. Yo me hice amiga de ella cuando tenía 9 años y me enseñaba algunos trucos de cocina. Claro, en ese entonces no se salía tanto a comer fuera y una casa de comidas se veía como algo raro.

 

 

Pero claro, los negocios no siempre estaban abiertos, como ahora. En la calle Cádiz esquina con Barcelona hay un bar, las Cuevas el Secreto, pero antes era una tienda de ultramarinos en que trabajaba una familia: el señor Román a la cabeza era el que despachaba, y también sus hijos Manolo y Jesús.

Había también un chiquillo, Pablo, que era el que llevaba los encargos a las casas. Recuerdo que el escaparate
estaba lleno de botellitas de licores, anises y coñac… ahora las hay mucho, pero entonces era muy raro.

En la calle de la Cruz hay un kebab que antes era una tienda especial porque se compraba casi de todo y abría los domingos, por lo que era un poco más cara que el resto. Pero si un fin de semana se te acababa el azúcar o el chorizo para los macarrones, aquí podías venir a comprarlo. Ahora es habitual ver negocios abiertos los domingos.

En aquellos tiempos, esta zona también tenía sus historias. En la plaza del Ángel, el Hotel Persal eran los Saldos Arias, unos almacenes de cosas para el hogar. Tenían otros dos, uno en Cuatro Caminos y otro en Montera. Pues este
último se incendió y fallecieron dos bomberos.

Al lado está el Café Central y recuerdo que había una serie que se llamaba Anillos de Oro, con Imanol Arias y en un episodio salía Ana Obregón. Pues aquí grabaron una escena y mi hermana la pequeña salió de fondo.

Al lado, en la Plaza de Santa Ana, también había un local hawaiano, el Manua Loa, (no recuerdo si entonces se llamaba así) que recuerdo que cuando abrió me daba un miedo tremendo. Porque claro, era un sitio muy raro y nadie me explicaba qué es lo que era.

Pero la mayor historia que había, es que en el Callejón de Álvares Gato, pasaba siempre una señora mayor. Era morena y vestía de manera peculiar, con un pañuelo del que colgaban moneditas pequeñas y pulseras. Se decía que era la persona que había servido de modelo a Julio Romero de Torres para los billetes de 100 pesetas. Claro, nosotros siempre la mirábamos desde lejos, pero nunca nos atrevimos a preguntarle.

 

 

Y creo que sólo queda recordar cuando compraba con mi madre. Los sábados íbamos andando hasta el mercado de Antón Martín. Ahora casi todo el pasaje Doré está vacío, sin tiendas, pero había antes tiendas de variantes donde compraba aceitunas. Luego, entrábamos al mercado y siempre íbamos a la planta de abajo, porque decía que era donde estaba lo mejor. También hay nuevos tipos de comida, como un puesto de sushi, que en ese momento, ni sabíamos que existía.

Lo que sí había de pescado era un puesto donde tenían una lata de 7 kilos de bonito en escabeche. El pescadero te preguntaba “¿cuánto quiere?” y decías “cuarto kilo”. Abría la lata, sacaba el trozo y echaba un poco del escabeche.

En el mercado, mi madre compraba verduras a una señora que las traía del pueblo. También había un puesto donde te rallaban el pan. ¿Os lo imagináis?
Ahora o se compra o se ralla en casa, pero entonces, había puestos para rallar el pan.

 

 

Y mira que bonito, la carnicería donde compraba mi madre sigue abierta. Parece que han comprado el puesto de al lado, porque no la recuerdo tan grande. Sin embargo, el mercado está irreconocible. Hay tiendas, pero como
casi todos los mercados, hay sitios para poder tomar algo y disfrutar relajadamente de un día tranquilo.

 

 

Curiosamente, y mirad como cambian los tiempos, a veces mi madre me invitaba a tomar algo. Íbamos a una cervecería que se llamaba “La Ría”, donde ponían mejillones. Era su especialidad, como veinte tipos y mi madre pedía dos vermuts. Uno para ella y decía “y a la niña, con Seltz”, porque se decía que te subía menos.

En resumen, la zona ha cambiado mucho desde que nací y desde que me fui.
Pero como las personas van cambiando y evolucionando, los locales abren y cierran, la gente va y viene; pero para mí siempre será el pequeño barrio donde nací, crecí y tengo tan buenos recuerdos.

 

*Imágenes cedidas por la autora para la publicación de este artículo.


Autora:   Paloma Gómez (Mi Cocina en tu Casa)

 

14 Comentarios
Nacho

Que bonito. Recordaré esto cuando pase por esa zona

Paloma Gómez

Muchas gracias por dejarme compartir la historia de cómo era mi querido Madrid cuando era pequeña :)

Amanda

Madrid, Madrid, Madrid ... que más se puede decir

La Cocina de Bea y sus chicos

Paloma, me ha dado mucha nostalgía. Yo hice lo mismo hace muchos años con mi madre por Lavapiés. Aunque no es lo que era, fue una jornada de los más agradable.

Madrid me enamora

Un paseo genial con sitios muy interesantes

Chary Serrano

Todos miramos con nostalgia los cambios de los lugares donde hemos nacido y crecido. Todo cambia, y en los últimos años, mucho más. Saludos https://micocinayotrascosas.com/

Gastroactivity

Me ha encantando el post. Muy detallado y lleno de añoranza. Debemos ser de la misma edad más o menos porque yo recuerdo los puestos del pan rallado, pero en Segovia, que es mi ciudad.

Las recetas de Carol

Un recorrido fascinante, muchas gracias por compartirlo

Verónica.Living.Wellness

Ganas de pasear por esas calles!! Gracias guapa!

Paula

Qué recorrido más bonito has hecho de tu barrio. Seguro que abriste un gran baúl de recuerdos. Los barrios y las ciudades evolucionan y cambian como las personas, pero guardan la esencia que los hizo únicos. Muchas gracias por el post. Muy emotivo.

Celeste

Muchas gracias por tu diario, una información extensa y muy precisa. Un abrazo

Labaronisima

Que post más guay!

Ydondecomemos

Me ha encantado tu artículo!!!Adoro el centro de Madrid!!!

Karime Farcug

Qué bonito y qué nostalgia se siente al leerte!! Me ha encantado :) Un abrazo!! Karime

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