Escribid, mujeres, escribid…

Publicado el 14/10/2019 por La Mujer Pulpo

Autora:   Shia Arbulú


 

“Escribid, mujeres, escribid, que durante siglos se nos fue negado” escribió Virginia Woolf en su ensayo “Una habitación propia” en 1929, fruto de una serie de conferencias que dio sobre el papel de las mujeres en la literatura. Un ensayo que ha dado una ristra de citas literarias feministas que rondan, ahora más que nunca, las redes.

“Escribid, mujeres…” si las mujeres escriben, de hecho, actualmente hay más autoras que autores activos, y también llevamos la delantera en porcentajes como lectoras. Aunque siguen siendo ellos quienes acaparan los contratos editoriales y los premios literarios.

 

“Escribid mujeres…” pero ¿sobre qué escribimos?

 

Hay una creencia estúpida de que existe algo parecido a una “literatura femenina”. En los noventa se puso muy de moda, con novelas de estética de pastelería plagadas de personajes que querían perder peso, encontrar al hombre ideal y trabajar en una revista de moda. Existe también la idea absurda de que las mujeres escribimos de una forma personal, autobiográfica, como si careciéramos de la capacidad de inventar y mentir. No señores, también nos gusta escribir ficción, crear mundos de fantasía y no necesariamente limitándonos al erotismo. Erótica “femenina”, como se le llama también, pues al parecer el erotismo antes era exclusivo del mundo masculino.

 

Imagen de Stefan Keller (Pixabay)

 

Hace décadas, si no siglos, que muchas mujeres han desafiado los estereotipos y prejuicios en los que se nos suele encasillar, autoras como Susan Sontag, Siri Hutveldt, Donna Tartt, o Elena  Quiroga llevan desafiando con sus relatos inteligentes el limitado mundo de lo “femenino”. Sin olvidar autoras como Isabel Allende que consigue colarse siempre en el misógino podio de los autores de habla hispana.

Y sin olvidar también que los dos autores más vendidos de la historia son mujeres: Agatha Christie, cuyas ventas igualan las de Shakespeare; y J.K. Rowling, la inalcanzable autora de Harry Potter que, curiosamente, ocultó su nombre femenino con sus siglas e incluso llegó a escribir en sus comienzos con el pseudónimo: Robert Galbraith. Y, aun así, en los temarios escolares de lectura obligatoria, las mujeres son casi invisibles.

 

Imagen de Ylanite Koppens (Pixabay)

 

La historia no ha sido justa con las mujeres, innumerables autoras femeninas y feministas fueron borradas —literalmente— de la historia. Y aquí viene muy a cuento otra cita de Virginia Woolf: “Para la mayor parte de la historia, Anónimo, era una mujer”.

Anónimos son clásicos como “Las mil y una noches”, “El cantar del Mío Cid” o la saga de “Erik el rojo”. Autoras como Aemilia Lanyer, contemporánea de Shakespeare, una de las primeras escritoras feministas, o Sarojini Naidu, cuya poesía inspiró el deseo independentista de la India, fueron voluntariamente enterradas por la historia como fueron quemadas las científicas y médicas acusadas de bujería en la edad media. Un crimen contra el arte que ya no podrá remediarse, aunque tal vez sí compensarse ahora que cada vez somos más las autoras.

Tenemos el privilegio de pertenecer a una generación en la que a las mujeres ya no se nos entierra ni se nos quema cuando pretendemos ser independientes. Nuestras predecesoras lucharon para dejarnos a nosotras un espacio de libertad. Y estamos todas muy indignadas cuando salimos a la calle a protestar por las injusticias salariales, y muy prolíficas para llenar las redes con la furia del “me too”. Pero ahora que tenemos ese poder, el poder de escribir y llegar a los lectores. ¿Qué estamos haciendo con ese poder?

 

“Escribid mujeres…” pero… ¿para qué escribir?

 

Escribir te da el poder de inspirar, de tocar a las personas, de cambiar algo en ellas. Es un gran poder, y como sabiamente nos recuerda Spiderman: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y sí, tenemos la responsabilidad de cambiar también la forma en la que se escribe la literatura. Pues, aunque ahora podamos ser más, incluso si pudiéramos ser mejores, de qué sirve si la temática sobre la que escribimos sigue reproduciendo las mismas ideas que antaño nos dejaron en un rol marginal.

 

Imagen de Jess Watters (Pixabay)

 

Un ejemplo muy claro son las novelas románticas en las que las relaciones y el erotismo sigue perpetuando las fantasías masculinas de siempre e incluso, a veces, idealizan la violencia.
Abundan en las listas de Amazon las relaciones toxicas, los romances que se originan en matrimonios forzados o secuestros, las violaciones y las relaciones entre hombres maduros y niñas.

¿Sabíais que el ochenta por ciento de las novelas históricas incluye una violación a una mujer? Y aproximadamente la mitad de ellas son con menores de edad.

Seguimos repitiendo el modelo del macho alfa dominante y agresivo, irresponsable y capullo que salva el mundo y se le perdona todo. Y la hembra ingenua, pasiva, débil y sometida, que encuentra la felicidad
cuando consigue atrapar a su hombre. Seguimos reproduciendo esa relación tortuosa en la que él es un cabrón maltratador, un hombre cruel y despiadado y ella lo aguanta hasta que al fin él se percata de que está enamorado y cambia. Enviamos el mensaje equivocado a tantas mujeres, porque el maltratador no cambiará, jamás se convertirá en tu príncipe azul.

 

Imagen de Susan Cipriano (Pixabay)

 

Necesitamos reescribir la fantasía sexual, el ideal romántico, el estereotipo que condena a las mujeres al papel secundario de las películas, que simplifica la sexualidad femenina y la pone al servicio del macho. Alejarnos de esas relaciones tóxicas con las que se lleva educando a las mujeres a ser sumisas, débiles, calladas, en las que se justifica la violencia, el acoso, la humillación y la crueldad. Necesitamos ser más exigentes con el modelo de relación que estamos creando, con el perfil de mujer que queremos construir, inspirar.

Escribamos también sobre hombres vulnerables, y sobre mujeres fuertes e independientes, reescribamos el erotismo y el romanticismo alejándonos de las fantasías machistas y de la violencia, encontrando un nuevo lenguaje también para la seducción y la sexualidad. Dejemos de convertir a las mujeres poderosas en brujas como ha hecho la historia, hagamos justicia a esas mujeres que fueron estigmatizadas en el pasado, a esas que lucharon para conseguir que podamos escribir hoy con libertad. Con libertad, pero con responsabilidad.

 

Imagen de StockSnap (Pixabay)

 

“Escribid, mujeres, escribid…” escribid mejor, escribid con la rabia heredada de quienes no pudieron hacerlo, escribid para dar voz a quienes aún no la tienen.

Escribid, mujeres, escribid para cambiar el mundo.

 


Autora:   Shía Arbulú

 

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