Mi nueva Familia (Marejadas 9)

Publicado el 26/06/2014 por Irune Gómez

retocada (palmeras 2)

                En el tiempo en que vivimos, bien por el emparejamiento tardío o por la mayor frecuencia de rupturas de pareja, es cada vez más frecuente que las mujeres pulpo se encuentren con parejas que aportan sus propios hijos a la unión  o que ellas mismas los tengan. Para algunas los problemas que esto conlleva se ven tan complejos que prefieren eludirlos. Otras sencillamente no tienen mucha opción, bien porque los hijos no admiten esos cambios o porque la nueva pareja o ellas mismas no acaban de conseguir que las cosas funcionen. Pero para otras la situación es más propicia, o se suma un componente de osadía e insensatez que las hace embarcarse en la aventura. ¿Qué las lleva a ese comportamiento «temerario»? (dicho sea esto, con la mayor de las sonrisas apreciativas a su valentía). De lo que me cuentan me queda la idea de que es el amor, por una parte, por otra el impulso por llevar adelante la vida, y por último, una buena dosis de complicidad con sus nuevas parejas.

                Por cierto que este post vuelve a ser un post anónimo. Aquí, como en el anterior, hay de nuevo terceros implicados, y ya no terceros, sino cuartos o quintos...porque a los hijos de estas mujeres, se suman sus parejas actuales, las anteriores, hijos compartidos y no, familias propias y políticas…

                Supongo que eso es lo que le hace a una de ellas decirme varias veces que es complicado. Hay que ponerse de acuerdo con las exparejas en asuntos relativos a los hijos, y eso supone una dosis de negociación y de aguante para la pareja actual que, por otra parte, suele estar ejerciendo de padre «de facto» puesto que el hijo o hijos conviven con él. Me hablan de temas que parecen triviales, como las vacaciones, que hay que coordinar muchas veces con tres o cuatro familias (si las dos personas tienen exparejas e hijos de esas relaciones).  

                Cuando los hijos son muy pequeños surge el tema de las relaciones con los dos padres, el que convive y en realidad cría a los hijos, y el biológico. Esto obliga a mucha negociación. En el caso de mujeres que unen familias cuando los hijos son mayores, donde las discrepancias en la educación no suelen tener ya tanto peso también tiene sus desventajas. Me cuenta una mujer cómo su hija en un momento dado le preguntó a su nueva pareja, con la mayor naturalidad, si podía llamarle papá y habla de sus dos papás. Sin embargo cuando los hijos son mayores, los lazos de cariño son muchas veces más difíciles de construir y a veces tienes que conformarte, al menos al principio, con una cordial relación.

Más palmeras

                Los problemas de logística dan para varios post. Cómo nos vamos juntos de vacaciones, cualquier traslado en el momento en que hay ya dos o más hijos por componente de la pareja y no se cabe en el coche o dónde vivimos. Algunos optan por soluciones creativas como el alquiler de vehículos mayores para las vacaciones. En el caso de una pareja en la que se juntaron de golpe con cuatro hijas y al poco se añadió uno más, su nueva familia les supuso un nuevo domicilio. A veces es factible convivir en alguna de las dos viviendas aportadas por la pareja, pero en otros el plantearse una nueva familia significa cambiar directamente de lugar. No siempre la convivencia entre los hijos aportados es fácil. En este sentido es más sencillo cuando los niños son más pequeños.

                En cualquier caso, me quedo con una frase: «Animo a todo el que pueda a hacer su vida y compartir sus hijos con esa nueva persona». Me resulta llamativo también la formación de grandes familias al final, ahora que suelen ser más cortas al haber usualmente menos hijos. Una mujer, hija a su vez de padres separados, me cuenta que su hija tiene ocho abuelos y abuelas. En su caso me dice que le parece muy enriquecedor.

                Llegadas a este punto, me viene a la memoria el final de una película, «Mrs Doubtfire». No recuerdo exactamente las palabras, pero habla de que hay muchos tipos de familia (monoparentales, las que son suma de varias familias…) pero que mientras haya amor, ese lazo permanece. Yo añadiría que, gracias al amor, hay paciencia y perseverancia y, a pesar de las dificultades, merece la pena.

Autora (Texto + fotografías): Beatriz Marcos

 

 

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