Susurros silenciosos

Publicado el 17/06/2019 por La Mujer Pulpo

 


Susurros silenciosos de inspiración

 

La vida es un equilibrio entre lo que nos gustaría ser y lo que somos capaces de conseguir.

Creo que el quid de la reflexión está en quiénes somos realmente.

A la pregunta de ¿quién eres? inconscientemente, respondemos : soy abogada/o, ingeniera/o o cocinera/o...

Esta respuesta es lo que haces, pero no quién eres.

Nuestra mente es una  maraña de ideas impuestas que nos impide llegar  a  nuestro verdadero ser. ¿Quiénes somos? Somos esa voz que nos advierte, incluso se adelanta a los acontecimientos, y que casi siempre ignoramos.

En mi caso hay un símil  con mis fogones. La escucho decirme: “ Baja el fuego del potaje que se te va agarrar” o “ Si no la mezclas más despacio, esa mayonesa se te corta” . Hago oídos sordos y siempre ocurre lo que aquella puñetera voz me vaticinó. Por cierto, aprovecho esta reflexión para recordarte  que puedes echar un ojo a mi web y estoy segura que mi potaje te va a encantar. Te dejo  mi receta.  Y si necesitas hacer una mayonesa casera y arreglarla,  en caso de que se te corte,  aquí    tienes la solución.

Retomando el hilo de la conversación y, como dice Laura Esquivel en su libro, “Como agua para chocolate”: Sólo las ollas saben los hervores de su caldo”.

 

 

Solo tú sabes cómo localizar tu magia. Y la tienes. Todos la tenemos. Unos la encuentran demasiado pronto, otros demasiado tarde. Y entre un extremo y otro está el equilibrio, el término medio, la calma en mitad de la tormenta.

Son detalles insignificantes y  cotidianos. A mí me parecían tan absurdos que los ignoraba completamente. “¡Pero qué tontería, escucharme a mí misma!”, me decía.

Me ha costado mucho entender que, ese “Pepito Grillo” es algo más que yo.  Es la esencia para algunos, el alma para otros. No es importante cómo lo llamemos sino cómo lo escuchemos. En mi caso es “El alma, es ELLA ”. Tiene voz de mujer viajera.

 

Creo que lo esencial es nuestra conexión, una vía de doble sentido. Hay que permanecer atenta a todas las  advertencias, por inapreciables que parezcan, y mantener una colaboración fluída con el alma.

Y aunque ella  se encuentra muy por encima de nosotros solo tenemos que aceptar su presencia para estar a su altura. Materializar todas esas pequeñas cosas; harán  nuestro mundo inmensamente grande. Sé que es un acto de fe.

Ella no vive en mí, sino que convive conmigo. Aprendo su lenguaje, reconozco su presencia y así, voy cambiando la percepción de mi vida.

 

Yo siento cómo viaja mucho más allá de donde  pueda imaginar.  Allá donde va, no hay horizontes que perseguir, ni tierras que conquistar. Ella es infinito. Y mientras duermo, se adentra en  los confines del universo y me los trae de vuelta cada mañana al despertar. En mi caso tienen forma de caracolas y melodías de olas  revoltosas fundiéndose en la arena.

 

 

 

Me gusta pasear por mi orilla del Mediterráneo y buscarlas. Son muy escasas y difícil de encontrar, al menos en esta orilla.

Me conecto con ELLA: “¿Me escuchas? Dame la señal que voy por buen camino y  que todo ésto  tiene algún sentido. Necesito tu inspiración. Necesito mi caracola”.

Y sí, siempre encuentro alguna. Pequeña, grande, perfecta, retorcida o fragmentada.  Tengo  cientos de ellas esparcidas por los  rincones de  casa. Cada una es única. Un ejemplo vivo de inspiración, una promesa cumplida, una esperanza que llega, una luz para continuar mi lucha. Cada caracola es mi pregunta y es su respuesta.

Siempre fue mi momento, solo que hasta  ahora no lo sabía. Necesitaba creer en un insignificante encuentro  con mi alma. Me faltaba un paseo por esta orilla del Mediterraneo y mi caracola.

 

 

 

Busca tu vínculo. Cuanto más baladí y diminuto, mejor.

Y después, si alguien vuelve a preguntarte: ¿Quién eres?”, ojalá  seas capaz de dar una respuesta mucho más primaria, que nazca de tus entrañas  y se pierda entre esos espacios infinitos que te complementan.  Fusiónate con la naturaleza, con tu cielo, tu campo, la sonrisa del hijo, el abrazo del amigo, la seducción del amor, el delirio de imaginar. Eres tú en cada una de esas emociones. Eres la mujer, madre, amante, amiga. Eres sensibilidad y percepción de tu mundo. Eres alegría y tristeza, esperanza y derrota, silencio y tormenta, creatividad y fantasía. Eres permitirte ser y dejar fluir lo que está contigo.

Y es que, a los locos que no somos arquitectos, ni carpinteros, ni mediopensionistas, nos gusta pasear desapercibidos por el mundo. Disfrutar de saber quienes somos y, siendo, encontrar nuestra  inspiración en todos esos susurros silenciosos con tonalidades femeninas.

 

 


Autora:  Elisa Bueno (Historias entre fogones)

 

* Imágenes de caracolas facilitadas a La Mujer Pulpo por la autora de este artículo.

* Imagen de caldero, adaptada, de Freeimages (Alessandro Paiva)

 

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